Silvio y Barra Libre – “La Ragazza del Elevattore”

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Se nota que he empezado las vacaciones. El ánimo en lo más alto y con ganas de compartir relatos con los que tenéis la amabilidad de leerlos. Tengo guardados en el archivo bastantes más, que ya iré enseñando, porque para presentarlos en condiciones, hay que echar un buen rato. Yo pensé que esto era menos complicado, más ágil … Probablemente lo sea con el tiempo, cuando me adapte a las herramientas. Pero además de compartir, también tengo ganas de escribir y esos relatos habitualmente no se pueden hacer públicos hasta que existe un fallo del jurado. Pero se da el caso que ayer  vi un concurso en un foro en el que había que poner el relato directamente al público, por tanto, no hay inconveniente en que lo ponga aquí. Es en la Web IniciaDos, donde se pide relacionar la música con el amor, la muerte, la vida …

Este relato lo escribí ayer tarde, mientras escuchaba algo del rockero sevillano Silvio, uno de esos extraños especímenes que solo son comparables a ellos mismos.

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Me recordó la Mandrágora, el Trioko (bar del Nono), el Chiringuito de la Canaleta, el Leofric, el Lady Godiva,… Tiempos de juventud, donde todo era al revés: el día empezabade noche, el descanso era por la tarde tumbados en la playa, hasta que “amanecía” una nueva la noche …

Ah, lo del salitre lo he tenido que repetir. Pero que remedio, la crema protectora o la nívea no me parecían tan sugerentes…

Ahí va el relato:

Punta UmbríaTOLDOS EN PUNTA

Recuerdo aquellas noches de verano de una manera difusa, como envueltas en el aromático humo que se respiraba en la zona cubierta del chiringuito. Quizás también demasiada cerveza. La música tan fuerte provocaba el roce de tus labios en  mi oreja, ganándole por aproximación la carrera a los decibelios en los que viajaban Golpes Bajos, La Unión o Gabinete Caligari. Pero nosotros pasábamos de ellos y sí, mirábamos a los ojos de la gente, aunque la mayoría estuvieran más enrojecidos de la cuenta; huíamos del calor del amor en un bar al tener una playa de fina arena, que la luna se había encargado de refrescar para la ocasión y por hacerle caso a alguien, se lo hacíamos a “Rafa el de la Unión” y ejercíamos de salvajes hombre y mujer lobo, lejos de París, pero cerca de retamas y enebrales.

Nos levantábamos para almorzar y pasábamos las tardes amodorrados bajo un toldo, cerca de la orilla. Había demasiada gente, demasiada luz. Pero en la cercanía, no necesitas abrir los ojos para acariciar una espalda morena bañada en salitre. Cuando sonaba Silvio y su “Ragazza del elevattore” sonreíamos, al volver nos esperaba subir a un cuarto sin ascensor.

Unknown

3 pensamientos en “Silvio y Barra Libre – “La Ragazza del Elevattore”

  1. Me gusta Cali: buena mezcla recuerdos de esa antigua punta umbria con la música de un gran rockero que tuvimos la suerte de disfrutar alguna que otra vez.

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