Relato presentado en 2012 al “I Certamen Relatos Cortos Emilio Carrére”

Empecé escribiendo semanalmente relatos de 100 palabras para el concurso de la Cadena Ser “Relatos en Cadena”. Como reto personal, me propuse terminar

Emilio Carrére, escritor, periodista, poeta, autor teatral y ¡mucho más! representa "la Bohemia" madrileña de principios de siglo XX

Emilio Carrére, escritor, periodista, poeta, autor teatral y ¡mucho más! representa “la Bohemia” madrileña de principios de siglo XX

un relato de 25 páginas para un concurso de la Fundación Atlántic Coper, donde obligaba a que el cobre fuera de alguna manera protagonista. Mi idea era buena,  pero la escritura muy flojita. Mientras escribía aquél, vi un concurso en internet, de tema libre y 200 palabras. Aquello me gustó. Era dedicado a Emilio Carrére, al que desconocía totalmente.  Aun siendo el tema libre, siempre me ha gustado saber quien es el personaje al que se le dedica un certamen, no deja de ser una fuente de inspiración. Carrére fue poeta, novelista, periodista, autor teatral y tertuliano de cafés. Todo eso y mucho más, pero para no extenderme, diré que fue uno de los auténticos representantes de la bohemia madrileña de principios de siglo XX, por inspiración parisina de Verlaine. Como buen trasnochador, no falta en su currículo haber dilapidado una fortuna heredada de su padre. Todo ello supongo que influiría en el relato que a continuación podéis leer. Fue para mi una decepción no quedar como finalista. No se la razón, probablemente pensé que mi relato era un gran relato. ¡Que presuntuoso! ¿con quien había empatado yo en temas literarios? Me di cuenta de mi error cuando leí los relatos que ganaron. Segundo o tercero, por ejemplo, un tal J.J. Tapias al que desde entonces sigo con devoción a través de su blog . Escribe relatos como pocos, raro es el mes que no consigue varias finales, o el año que no gana varios concursos. Incluso ha estado hace pocos tiempo ¡entre los finalistas del Premio Planeta! Hace pocos días que mandé mi relato para este año. Es bastante mejor que éste, pero prometo que en esta ocasión no me enfadaré. Bueno, espero que os guste el relato de 2012.

¡Vaya preguntas hace usted, Mr. Wilde!

Capa, chalina y chambergo. Y un paraguas que no traje, pero que si me llevo.
Otras veces fue al revés, pero como hoy me siento espabilado, es el día que me toca.

En fin, cuando llegue a casa, si descubro en que bolsillo guardé los fósforos, encenderé la pipa y … ¡Coño, el escalón!


Cierto, he dicho espabilado, me parece recordar; aunque me temo que el anís que me sirvieron, estaba mezclado con absenta, estoy seguro ¡al menos el tercero!

Absenta… Que sabor más parisino. Allí se piensa que es fuente de inspiración de escritores y artistas. ¡Que esnob! Estoy seguro de que las musas no se van a acercar a mi pluma, pues dudo que la absenta tenga esas propiedades que sostienen en París algunos que se dicen ilustrados. Si, muchos lo aseveran, incluido un dublinés que filosóficamente dudaba: “¿Cuál es la diferencia entre un vaso de absenta y el ocaso?”.

Pero por Dios… ¡vaya preguntas hace usted, Mr. Wilde! No se me ocurre cosa alguna. 

Aunque, si he de ser sincero, se me ha ocurrido una, pero no se la he dicho por respeto. La he descubierto hoy que estaba espabilado.

La diferencia es obvia: el escalón.

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